Con el corazón encogido y el alma asustada escribo estas líneas para consolarme.

Estamos perdiendo paraísos a un ritmo inimaginable. Paraísos en los que he sentido hasta hace muy pocos días, y durante decenios, la libertad de rodar por sus carreteras y caminos. El olor de una naturaleza pura en el valle de la Iruela, que se cuela por la nariz y embriaga el alma. El sonido de las chicharras en el litoral del embalse de San Juan en el estío que masajea el cerebro.  El frescor de las aguas del embalse del Burguillo que tensan la piel. La visión de la cascada de hielo en la cara norte de Mijares en pleno invierno que me transporta a latitudes mas norteñas… son tantas las emociones que he vivido en las sierras del Sur-oeste de Madrid y el sur de la provincia de Ávila que solo de recordándolas se me escapan las lágrimas al imaginarlas en llamas.

No recuerdo exactamente que edad tenía cuando por primera vez anduve por estos montes. Sí que era tan joven que no tenía ni licencia de ciclomotor y ya pateaba con mi hermano y sus amigos mayores sus valles y collados. Si, nos íbamos de excursión al entorno de la estación de Robledo de Chavela, y montábamos las tiendas junto al río Cofio. Entonces no solo había truchas y todo tipo de peces en sus cristalinas aguas, también nutrias, tortugas, cangrejos, una avifauna de múltiples especies, zorros, gatos monteses, corzos… Eran otros tiempos hace más de medio siglo, mucho tiempo, en los que unos adolescentes podían pasar días incomunicados en plena naturaleza incluso haciendo una fogata para calentar la cena. Solo muy de vez en cuando algún cabrero pasaba por allí con su rebaño y echaba un rato de conversación con nosotros mientras los machos cabríos se detenían para hacer chocar sus cornamentas, provocando un estruendo que retumbaba en ecos por el valle.

Después empecé a recorrerlos en moto. Primero de 50 c.c. después de 125 y poco a poco hasta con las motos más potentes fabricadas. En las rutas turísticas publicadas en la revista Motociclismo desde 1984 y durante varios decenios profundicé en la descripción de sus carreteras, paisajes, pueblos, gastronomía, etnografía … todo sirvió para transmitir a los lectores las maravillas de estas tierras y a mí, para que aún me enamorara más de estas sierras.  Con el tiempo también he recorrido estas montañas con TVE y las Vueltas ciclistas, con diferentes marcas de motos para preparar sus presentaciones a prensa, con grupos de turistas nacionales y extranjeros, con pruebas a fondo individuales y comparativas, para la toma de datos para mis libros… de todas las formas posibles y con todo tipo de motos para que todos pudiéramos disfrutar de un verdadero paraíso, mientras yo, siempre rodé orgulloso de poder mostrarlo.

Solo enumerar los términos municipales por los que me he sentido plenamente feliz y que ahora están en llamas se hace tan largo como dramático. Aldea del Fresno, Chapineria, Cadalso de los Vidrios, Rozas de Puerto Real, Cenicientos, Navas del Rey, Colmenar del Arroyo, Fresnedillas de la Oliva, Robledo de Chavela, Navalagamella, Zarzalejo, Valdequemada, Peralejo y en Avila: Casillas, Sotillo de la Adrada, la Adrada, Santa María del Tietar, Navahondilla, Piedralaves Casavieja, Hoyo de Pinares, Villanueva de Ávila, Burgohondo, Pedro Bernardo, Higueras de las Dueñas, Gavilanes, Mijares, El Tiemblo. A estos hay que añadir los confinados que no son menos en número incluyendo también a pueblos de Toledo.

Cada uno de ellos tiene uno o varios tramos inolvidables, memorias de curvas, cambios de rasantes, virajes enlazados, cursos de arroyos, cárcavas, roquedales, pinares, panorámicas…tantas y tantas imágenes que solo su recuerdo vuelve a hacerme llorar. Es mi sierra. Si, junto con la por ahora solo amenazada Sierra de Guadarrama con sus puertos de Navacerrada, Cotos, Navafría, Los Leones…que aún me quedan más cerca de casa, apenas a 500 metros y puedo tomar las primeras curvas del puerto de Navacerrada.

Me duele, me duele mucho y he experimentado en propia carne lo que viven ahora miles de personas confinadas, cuando no evacuadas. Dos veces nos evacuaron por incendios muy cerca de mi vivienda debido al fuego en el Cerro del Castillo. Nombre de la montaña y de mi calle. Es mi casa, mi bosque. La primera hace diez años y la segunda hace solo dos. De la primera la naturaleza ya ha repoblado, por si sola casi toda su extension con  pinos, encinas y robles algunos con más de cuatro metros de altura, los neófitos apenas podrán distinguir que todo quedo arrasado por un incendio de hace un decenio. De la segunda aun solo hay pimpollos, jaras y retamas los primeros en volver a colonizar las tierras. El Cerro del Castillo se recupera lentamente.

Desgraciadamente no es solo “Mi Sierra”, también las de Almería, Guadalajara, Aragón, Castellón, Barcelona… las que están ardiendo este fatídico año de 2026. Un año negro, un “año horribilis” para la naturaleza ibérica. Se me vuelve a encoger el corazón al recordar todas estas sierras por las que tantos miles de kilómetros he realizado buscando y rebuscando, sorprendiéndome cada vez, alegrándome con cada rincón, pueblo, rio, escorrentía, aldea…

También he tenido el privilegio de rodar en moto por muchas de las montañas, selvas, valles y caminos de los cinco continentes y esto me ha servido para darme cuenta y confirmar sin ningún tipo de duda que la Península Ibérica es un paraíso terrenal. Aquí no tenemos frecuentes desastres naturales provocados por terremotos, tifones, huracanes, lluvias monzónicas, animales feroces, insectos mortales, potentes bacterias letales… ninguno de los grandes peligros a los que se enfrenta cada día la inmensa mayoría de la humanidad golpea a la península más grande del Mediterráneo y fronteriza con el océano Atlántico. Es el paraíso terrenal, solo tiene un monstruo que antes, ahora y después seguirá devorando y destruyendo su naturaleza en un ciclo imparable: los incendios. Ahora tenemos muchos más medios para combatirlos, y prevenirlos, pero nunca se evitarán por completo, somos mediterráneos y eso forma parte de la naturaleza y sus ciclos en España Portugal, Italia, Grecia y norte de Africa. Una adecuada gestión del medio natural donde sí, hay que decirlo: más cabras en el monte y menos cabrones en los despachos, ayudaría sobremanera a limitar las fatales consecuencias de los macro incendios que son cada vez más frecuentes.

No puedo seguir, no puedo. Debo guardar emociones y lágrimas para cuando todo pase volver a viajar por todas estas zonas y aun poder emocionarme. Estamos perdiendo paraísos, mis paraísos, tus paraísos, los paraísos de todos.

Navacerrada 28 julio 2026