Mi nombre es Agustín Santos, todo el mundo me conoce cómo GUTY y este relato se lo dedico a mi buen amigo Julián, cuyo padre ha fallecido hace dos días de Coronavirus, motivo por el que, aunque a veces ya, hasta se nos olvide, estamos confinados y entre otros entretenimientos escribimos y leemos estos “relatos contra la pandemia” . El es el verdadero protagonista, un abrazo fuerte amigo.

     El pasado Verano, concretamente el 11 de Julio comenzamos un viaje “LOS ALPES UNA VISION DIFERENTE…” Si por el título ya supones donde fuimos te confundes por qué Los Alpes era el viaje que en principio acordamos de fiesta en las Fallas de Valencia en Marzo del 2019 pero por ser parte de la ruta de mis últimos viajes logré convencerles del cambio.

     En principio se trataba de un viaje en moto las dos parejas de amigos en el que no hubiera largas tiradas y pudiéramos disfrutar de otros placeres y de hacer algo de turismo, sobre todo para “atrapar” a Choni, la mujer de Julián en esto de los viajes en moto ya que Edi, la mia está no sé si convencida o resignada.

     El caso es que partimos con destino a Nápoles para conocer la ciudad, hacer la costa Amalfitana, visitar Capri, Roma, etc… , pero esto no es el meollo del relato.

     Aunque mi mujer y yo habíamos ido más veces a Italia en moto, no conocíamos esta zona. La única referencia que teníamos es la enorme circulación que hay en cualquier parte de este país y por oídas el caótico tráfico de Roma, pero en los dos días que llevábamos en Italia eran los mismos italianos los que nos habían asustado con Nápoles; no solo con el desorden circulatorio si no con los robos. “Cuidado donde dejáis las motos por que las roban muy fácilmente”, era lo que repetían todos cuando nos preguntaban que a donde nos dirigíamos.

     Cuando entramos en Nápoles sobre las 5 de la tarde comprobamos que lo del desorden circulatorio iba totalmente en serio y cualquiera que haya estado sabrá que el termino CIUDAD SIN LEY lo describe con más exactitud; 3 y 4 personas en una moto, gente sin casco, circulando en contra dirección, las motos circulando por encima de la acera,  peatones pasando por cualquier parte, etc…

     El caso es que después de pasar unos días circulando por la ciudad nos dimos cuenta que no habíamos visto ni un solo accidente y que no solo te acostumbrabas si no que debía existir un código no escrito pero que todo el mundo conocía por el que todo funcionaba de manera fluida.

     La segunda advertencia, la de los robos, la solucionamos dejando las motos en un garaje cercano al Bed and Brekfast en el que nos alojábamos. 

   El caso es que el día que partíamos con dirección a Roma y después de haber dejado el GPS puesto en la moto en alguna ocasión incluso las llaves en el contacto marchamos a nuestro nuevo destino con la sensación de haber sobrevivido a todos los “peligros que nos acechaban”.

     Paramos a repostar gasolina en la autovía y tomando un café fue cuando comentando este hecho de no haber sufrido ningún percance, ni robo observo cómo Julián cambia el gesto y empieza a ponerse rojo…. “me vais a matar, me he dejado toda la documentación, seguro, etc… en el hotel de Nápoles”.  Pensar en desandar el camino no nos apetecía porque estábamos a 85Km de Roma,  y en tres días necesitábamos coger un ferri en Civitavechia con dirección a Barcelona de regreso a casa, por lo que los papeles hacían falta.

     Esto demuestra que a veces somos nuestro peor enemigo y que aunque de viaje considero que debemos extremar las precauciones para que cualquier despiste no te arruine las vacaciones, nunca hay que obsesionarse. En este caso el miedo que nos había logrado imbuir los demás había sido el causante de este inconveniente, ya que de otra manera jamás habría sacado los papeles de la moto que es donde siempre los llevamos y nunca reparamos en ellos, más que si hacen falta para algo concreto.

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     Finalmente decidimos llamar al hotel de Nápoles y pedir que nos  enviaran los documentos  al nuevo hotel de Roma lo más urgente posible para que diera tiempo a que llegaran antes de nuestra partida 3 días más tarde. 

     El caso es que el asunto de “los papeles” traería más cola. El día en que nos debían entregar el sobre con los preciados documentos, no había nadie en la dirección del hotel ya que era un Bed and Brekfast sin recepción y la opción de quedarnos esperando la entrega en lugar de pasear por Roma no la contemplamos. Pusimos una nota en el portero automático en la que le pedíamos al mensajero que por favor los dejara en el bar de enfrente al que previamente le habíamos pedido el favor y dejado dinero para que pudiera pagar la entrega. (gracias google translate).

     Circulaba Julián y Choni con su Kawa delante y Edi y yo con nuestra Crosstourer siguiéndoles cuando veo que se para delante de una furgoneta de GLS que estaba aparcada en doble fila.  Me paro y le digo a mi mujer no puede ser que este Julián piense que justo esa es la furgoneta que lleva sus papeles. Llega el conductor y con las dificultades idiomáticas logra hacerse entender y todavía sentado en la moto veo cómo se mete dentro y le entrega el sobre. De nuevo la situación me pone en mi sitio, yo jamás habría interceptado a ese mensajero en Roma para intentar hacerle entender que si tenía algo para mí y evidentemente la decisión fue la acertada. Así entre saltos, abrazos y besos al sobre recupero mi amigo los necesarios papeles.      Moraleja; no te creas todo lo que te cuenten mejor vete a verlo en persona, viaja, viaja, siempre viaja y por supuesto no saques lo papeles de la moto.