Periodista soluciona problema a ingenieros. #relatosmoteros

Empecé a escribir para revistas son 14 años, revistas de deporte, sobre todo de atletismo, como Correr, Corricolari, Atletismo Español, Sport Life, etc. En el 88 empecé a colaborar para revistas de motos y en el 93, tras trabajar para marcas como Kelme para la Olimpiada, entré de forma más fija en Motociclismo y La Moto. A partir del 98 he colaborado con casi todas las revistas y medios online de motos de este país, y algunos extranjeros: Supermotor.com, Solo Moto , Motos.net , Moto Viva, Eagle Rider , Custom Machines, Gaceta del Motor, ABC Motor , Biker Zone y mi más…y radio, etc. Ahora, desde hace 3 años tengo mi propia web: www.MotorADN.com

Me ha llamado mi amiguete Gustavo Cuervo, un tipo que admiro (y mucho) desde antes dedicarme a esto de probar motos, diciéndome que si os podría escribir alguna historieta anecdótica de las cosas que me hayan pasado a lo largo de estos años, que él ha conocido de cerca puesto que somos “amigos de armas”. Bueno, pues pensando y recordando algo que fuera divertido para contaros en esta época de jodida reclusión, que los políticos llaman cuarentena, he recordado una anécdota bastante curiosa de esas que te ocurren cuando llevas algún tiempo probando motos de todo tipo, pelaje, cilindrada y origen.

Corría el año 1999, y la gran novedad, bomba y luz de nuestros sueños era la aparición de la nueva Suzuki GSXR 1300 Hayabusa. No había existido moto más espectacular, llamativa, moderna, potente y psicotrópica que aquella. Prometía arrebatar el eterno cetro de “The fastest bike in the world” (la moto más rápida del mundo) a la también eterna reina Kawasaki. Nadie se creía que se pudiera hacer algo más rápido que una Kawasaki ZZR 1100, pero…

Bien. El caso es que yo había estado trabajando en los últimos seis años para las revistas el grupo Motorpress (Motociclismo y La Moto), y recientemente había empezado a colaborar para varios medios como freelance, cuya traducción literal sería “lanza libre”. Bueno, básicamente un mercenario del periodismo del motor. El caso es que aquellos años el pintoresco y muchos dirían que inclasificable Jesús Gil era alcalde del destino de oro del turismo español: Marbella. Allí, concretamente en Benalmádena, su “troupe” de famosos, famosillos, medio nobles y adinerados habían decidido montar una concentración de motos organizada (o capitaneada más bien) por el también noble (y actor, y famoso de las revistas del corazón, y “bon vivant”) Jaime de Mora y Aragón.

David y Miguel Angel 1999

Bueno, pues aprovechando que iba cubrir la concentración, ¿qué mejor que poder viajar allí con la nueva Hayabusa? Y sí, bueno, la idea era buena, pero lógicamente cuando llegaba la primera unidad de una moto como esta, todos los periodistas especializados nos íbamos a tirar encima como pirañas a un jamón. Así fué, pero daba la casualidad que esta concentración era a principios de primavera, y coincidió con un puente muy largo. El primero que la iba a coger era el nuestro buen amigo y malogrado César Agüi, director de la revista La Moto, y después otro periodista que no recuerdo quien era. Yo sería el tercero, pero para eso faltaban mínimo tres semanas ¡Mi gozo en un pozo!

Pero de repente César me llamo a mi teléfono móvil Moviline, que años más tarde sería conocido como Movistar … ¡Que entonces las conexiones eran aún analógicas, y no digitales! Para mi sorpresa, me dice que se tiene que ir todo el puente con su mujer… o no sé qué historias, y que el segundo afortunado periodista le había dicho que tampoco la podía coger. Vamos, que la moto se quedaba libre y me tocaba mí. Me sugiere que si quiere que la coja mientras se la devuelva al terminar el puente, el martes siguiente 

¡YUUUPIIIIIIII!!!!! ¡¡¡HAYYYAABUUSSAAAAAAA!!!!!

10 minutos más tarde me llamó el señor Sabando, jefe de prensa de Suzuki en aquel momento y que se encargaba de gestionar las motos de pruebas. Era un tipo muy amable, muy alto, con barba y le recuerdo con voz ronca. Me dijo con un tono de voz que aún me retumba en los oídos:

  • David, soy Sabando, de Suzuki España. ¿Sabes que eres tú quien va a coger la Hayabusa 1300?

¡Toma, claro que lo sabía! ¡No pensaba en otra cosa! Y él continuó.

  • David, ten mucho cuidado porque es la primera unidad que tenemos rodando en España. Apenas tiene hecho el rodaje y ya sabes lo que esa moto significa para nosotros, así que disfrutarla, hazle una buena prueba y ya cuando termines la devuelves al taller.

¡Claro que si, amiigo!!!!!!

El caso es que ya había pedido otra moto para hacer ese viaje y probarla. Se trataba de una excelente moto, hoy bastante olvidada, como era la Triumph ST 955, rival directa de las sport turismo medias como la Honda VFR 750 pero la cosa es que se venía conmigo un personaje muy peculiar. Era de Miguel Ángel Fernández AKA “El Concetrao”, que por cierto también aparece en el relato de Barry que puedes ver en esta selección. Lo cierto es que en aquella época trabajamos juntos y me hacía de compañero de correrías y excelente fotógrafo, aparte de que el apodo de Concentrao venía precisamente de que se conocía (porque había ido) todas las concentraciones moteras de España. Era un tipo pequeño y letal, una especie de Jackie Chan del periodismo del motor, que montaba rápido y seguro, algo importante en este tipo de rutas tan largas y que además tienes que trabajar cuando llegas. Es decir, llevar cámaras, montar las sesiones, hacer fotos interesantes, y en ese caso no sólo de la concentración sino también de las dos motos. Vamos, que de relax, poco.

Quedamos los dos y fuimos a buscar la Triumph al antiguo importador Proeuropa, porque no era traída directamente por la misma marca como ahora. Su central estaba detrás de la plaza de toros de las Ventas. Y de ahí partimos para donde se recogían las Suzuki de pruebas en aquel momento, enfrente de la estación de Atocha. Yo estaba más nervioso que un pavo en Navidad, ¡Dios mío, iba ser el primer periodista y probar la legendaria Hayabusa!!

Efectivamente, llegamos a la tienda y la impresionante y musculosa Hayabusa dorada estaba aparcada en la puerta, como un Halcón Milenario esperando a Han Solo y Chewbacca… ¡Y yo me pedí a Hans solo, claro!

El encargado de la tienda salió, me dió las llaves (muy largas, como siempre Suzuki, y con el cabezal negro con el logo y el nombre deja Hayabusa grabados. Nunca se me olvidará) y colocamos la matrícula, porque en aquella época las motos de pruebas de Suzuki tenían placa azul que se podía cambiar a varias motos, con lo cual era bastante difícil moverte sin que la policía te parara cada 2 por 3 para comprobar tu documentación y que todo era legal. Una vez puesta, llegó el gran momento: arrancarla.

Parsimoniosamente, disfrutándolo, introduje la larguísima llave en la cerradura y la giré. Pocos momentos recuerdo tan mágicos como aquellos, porque el cuadro con todos sus relojes y pilotos se iluminó con diferentes colores, las agujas del velocímetro y tacómetro se empezaron a mover para hacer el test de arranque con pitidos y zumbidos de la bomba de inyección. Y tengo que recordaros otra cosa: las Hayabusa fue de las primeras motos grandes y deportivas con inyección electrónica, por lo que todo aquel festival de colorines y sonidos electrónicos sí que me hacía recordar de nuevo que estaba sobre un verdadero Halcón Milenario. Por cierto, por si no lo sabes Hayabusa significa… Exactamente: Halcón

También se apuntó a última hora con nosotros una amiga que se llamaba Nora. Ya la avisé de que la idea era viajar rápido y muy lejos, y que la moto no era un coche. Que iba a terminar con el cuello dolorido, la espalda triturada y los riñones al jerez, pero el caso es que se presentó cuando quedamos el miércoles para salir a las 9 de la mañana, con lo que parecía bastante animada. Ya veríamos 400 km más tarde en que aún nos quedarían casi 300, por no hablar de la vuelta, pero bueno…

El caso es que con todos los equipajes y la pasajera bien amarrados (menos mal que la Triumph llevaba maletas), salimos de la plaza de Roma de Madrid hacia la M 30. A los 100 m de salir las Hayabusa empieza a pegar tirones, como si fuera cortando encendido intermitentemente.

¡No me lo podía creer!!!!! ¡¡¡Salgo con la diosa Hayabusa y me voy a quedar tirado nada más salir!!!

En ese instante recordé lo que me ocurría en el Jarama cuando cogía la primera curva del SuperSiete con mi GSXR 750 preparada hasta las cejas… Pero eso daría para otra historia. El caso es que la pata de cabra tenía el muelle bastante suave y al tumbar a izquierdas se balanceaba e iba soltando y presionando el botón de desconexión. De ahí los tirones. Lo que hice en aquella GSXR fue cambiar el muelle por uno con mucha más tensión, y en la Hayabusa simplemente di un taconazo para que la patilla de la pata de cabra (valga la redundancia) apretase bien el botón y no se fuese desconectando si pillaba algún bache.

¡Bien! Salimos a la M 30 dirección carretera de Andalucía e hicimos los viajes más alucinantes de mi vida. La suavidad, solidez y prestaciones de aquellas Hayabusa todavía los tengo grabados en mi mente como si hubiera sido ayer. Es cierto que ahora hay motos más potentes, pero lo que nos supuso en aquel momento el motor 1300 con casi 180 caballos declarados y 160 a la rueda (corría la leyenda quedaba 200. Era mentira, pero era precioso soñarlo…), aquel férreo chasis doble viga y aquellas líneas alienígenas con dos gigantescas tomas de aire laterales, hoy día sería difícil de explicar.

Bueno, el caso es que llegamos a Marbella, pasamos tres días de juerga continua y mucho trabajo, y Nora no se quejó… Que básicamente fue para mí lo más sorprendente. El caso es que no lo pasamos fenomenal y el domingo volvimos al mismo ritmo (que no os voy a contar, pero eso es otra historia) comparada de la guardia civil para comprobar la matrícula (“Oiga, ¿por qué lleva usted placa azul?, Me preguntaron varias veces) combinando carreteras secundarias con la autopista.

El caso es que llegamos a Madrid de noche, nos fuimos a tomar algo a alguna terraza y bastante cansado volví a mi casa para dormir como un bendito.

A las nueve de la mañana del día siguiente, me empezó a sonar el móvil ¿¡Quién me llama a estas horas intempestivas, maldita sea!? Intentando aclararme la voz para no parecer que había estado todo el fin de semana en una orgía romana, respondí con toda la suavidad y educación que pude.

  • Si, ¿dígame?
  • Hola, David ¿Qué tal estás? Soy Sabando, de Suzuki España ¿Qué tal el viaje? ¿Todo bien?

UYUYUYUYUYUY… Que te llamen de la central de una marca como Suzuki a esas horas y con esas preguntas que parecen esperar una respuesta inmediata, mi experiencia me dicen que no son nada buenas ¿Me habrían puesto una multa? ¿Me habrían pillado a velocidades… Poco legales, y me querían mandar a la prisión de Guantánamo? Uffff…que mal rollo

  • Pues sí, ¡todo fenomenal! No veas cómo frena, como va, como acelera y que encantado que estoy con ella.

La verdad es que no sabía qué más responderle, pero todo me parecía muy sospechoso.

  • Buuuenoooo, pero… ¿No has notado ningún problema, ni ningún tirón, ni te has quedado tirado ni nada parecido?
  • Mmmmm…pues no, ¿Por qué lo dices? ¿Has tenido alguna queja de alguien o algo así? ¡Yo he sido muy bueno todo el fin de semana con ella!

Claro, lógicamente yo echaba balones fuera y todo estaba enfocado a demostrar mi inocencia en caso de alguna acusación anónima.

  • No- me respondió pausadamente- es que mira, hemos detectado problemas de que la moto en marcha da tirones. Por eso han venido cuatro ingenieros de la central de Suzuki en Hammamatsu y tienen aquí dos unidades totalmente desarmadas haciéndoles chequeos de electrónica. Todavía no han encontrado nada, pero no sé porque tú no has tenido ningún problema y las unidades que tenemos aquí sí que dan cortes de inyección sin motivo ni razón.
  • ¡Aaaaaaaahhhh, amigo Sabandoooo!!!!! Espera que te lo explico…

Y, claro, le empecé a contar la historia de mi GSXR, los problemas que me daba en la primera curva del Super Siete del Jarama y cómo lo arreglé en las Hayabusa: con un taconazo bien dado para dejar bien encajada la pata de cabra en el desconector.

De repente un silencio. Él empezó balbucear y lentamente pudo empezar a decir:

  • Pero como va ser eso, David, si han venido cuatro ingenieros japoneses con todos los tester desde la central y llevan aquí trabajando desde el viernes pasado. Tiene que ser algo más…- Concluyó incrédulo
  • Pues no. Poned un muelle que retraiga con más fuerza o un desconector de la pata de cabra menos sensible y el problema desaparecerá.
  • Bueno, David, ¡como sea eso te invito a que a Gijón a pasar unos días para que vean la fábrica y te invito a comer todo el marisco que quieras! Si es eso, no te puedes imaginar el favor que nos has hecho porque no sabíamos de dónde venía el problema. ¡No me lo puedo creer!

Efectivamente, las primeras Hayabusa se iban desconectando en marcha si pillaban algún bache, y un probador de motos dió con el problema y aconsejó a los ingenieros japoneses lo que había que hacer para solucionarlo. Meses después me encontré a Sabando. Tan amable como siempre, me dió un fuerte abrazo, agradeciéndome efusivamente lo que le había dicho, y contándome la cara que habían puesto los ingenieros cuando les dijo cual era el problema, y también la otra cara aún más divertida cuando comprobaron que era verdad. Nunca sabré si realmente todas las Hayabusa que se vendieron aquí iban perfectas gracias a mis consejos… ¡pero me gusta pensar que si!

Más tarde apareció su descendiente, la nueva Hayabusa con algo más de cilindrada real, más baja para ser más estable en aceleraciones, y más pesada. Realmente se desarrolló pensando en el mercado americano (por eso lo de mejorarla para acelerar…) donde la ´Busa había sido un éxito y una leyenda por sus preparaciones con Nitro y turbos. De ese modelo son las fotos que puedes ver en esta historia, que corresponden a la prueba del nuevo modelo que hice cuando apareció 8 años después, para otra revista y con otra gente… pero yo siempre mantendré en mi memoria esa Hayabusa 99 más ligera, estable, preciosa, y de la que guardo muy buenos recuerdos, entre otros el viaje más divertido de mi vida,, ¡y en el que ligué y todo! . Las que hicimos en esa reunión de Benalmádena fueron aún todas en papel, y si el Concentrao estuviera aquí seguro que las guarda en su insondable archivo… pero está en Africa.

Yo solo mantengo una que he escaneado para vosotros y puedes ver aquí. Estamos Miguel y yo cuando nos íbamos a cambiar en el hotel, celebrando con toda la alegría que puedes ver que habíamos llegado, con unas motos estupendas, y nos espera un fin de semana fantástico Muchas veces he pensado que esta foto es la representación más pura de la felicidad, la alegría y el disfrute del mundo de la moto, con amigos y muchos planes por delante… ¿Hay algo mejor que eso?

Esta es una de las muchas anécdotas de la vida de un probador de motos, que te diviertes recordando de vez en cuando. Cuando vea los chicos de Suzuki España les recordaré lo que me deben por Gijón, aunque ahora ya están en Madrid. Bueno, no hay nada como coger unas cuantas buenas Suzuki, ¡e irnos para allá para cobrarme esa invitación a comer buen marisco!


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