Tibet infinito

¡Esto no se acaba nunca! fue la expresión más repetida en la etapa de hoy. Una jornada larga de 530 km que comenzó a las nueve de la mañana saliendo de Golmud con un día radiante, luminoso y a la perfecta temperatura de 20 grados. Para empezar nos acercamos hasta la base de la cordillera del Kum Lum surcando un desierto variado de montañas estratificadas muy interesante y tras 100 km de suave subida comenzó la más pendiente ascensión hasta el puerto de montaña por el que pasa la carretera y el nuevo tren a Lhasa. En el paso a 4767 metros sobre el nivel del mar donde las banderas de oración tibetanas rezan al viento. Aunque esta región no pertenece a la comunidad autónoma del Tíbet, sino a la provincia de Qinghai, el paisaje es puramente de altiplano tibetano. De hecho esta región pertenece a lo que se conoce como Tíbet histórico, o Gran Tíbet, casi el doble de tamaño de la actual delimitación fronteriza. Tras las fotos de rigor en el puerto nos metimos en la pista de tierra con la vista puesta en Qumalai, una pequeña población, grande para lo que se considera pueblo en este lugar tan remoto. La temperatura siguió siendo perfecta pues entre 13 y 16 grados es ideal para ir en moto abrigado pero sin frío, pues aquí lo normal en verano es que el termómetro no supere los 10. Nos separaban del hotel 320 km de pista, la verdad en my buen estado recientemente reconstruida. Tierra sí, pero poca grava y escaso piso rizado, lo que indica que el paso de camiones no ha sido intenso y las huellas del invierno pasado ya están completamente reparadas. Circular en moto a 100 km/h sobre la tierra en este paisaje virgen es un regalo para el espíritu. No hay que trabajar mucho, más bien nada sobre la moto, lo que se agradece mucho, pues el “aire leve”, la escasa presión de oxigeno que hay a estas alturas agota rápidamente el cuerpo al menor esfuerzo. Hay que tener cuidado de no hacer esfuerzos pues como mínimo un dolor de cabeza está asegurado. Avanzamos a muy buen ritmo parando poco y saliendo de la pista solo eventualmente para ver más de cerca algunas gacelas o para beber agua, algo siempre altamente recomendable cuando se está a mucha altura. Tras cada grupo de montañas aparecía de nuevo el mismo paisaje, más y más montañas tapizadas de verde y la pista que las surca como única huella humana. La inmensidad de los espacios abierto del Tíbet desborda la imaginación. Esto no se acaba nunca.

Angel Leal. Me impresionaron las dunas gigantes pegadas a las montañas y el tren a Lhasa. La pista hacia Qumalai desde el puerto del Kum Lum es muy larga, atravesando un paiseje sobrecogedor. Mas de 300 km de pista preciosa pero cada vez que se cruzaba un camión teníamos que parar por que la polvarada no dejaba ver nada.

 

 

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