Taklamakán; si entras no saldrás

El feroz desierto de Taklamakán en el corazón del Xinkianj era para las caravanas de la Ruta de la Seda la prueba más difícil y peligrosa. Para evitarlo lo rodeaban por el norte o por el sur enlazando los oasis al pie de las montañas que lo flanquean. Nosotros lo atravesaremos de norte a Sur, entre Korla y Roukiang.

Hoy al contrario que hace siglos, tres carreteras atraviesan el desierto que se gano el nombre de “Si entras no saldrás”. Bien de mañana salimos de Korla con una temperatura soportable 28 ºC. Repostamos y encaramos el sur siguiendo el fértil acuífero del rio…. Los primero kilómetros son agradables, entre cultivos en los que parece un ancho y largo oasis. Durante 150 km nadie diría que transitamos por un desierto pues los cultivos prosperan profusamente gracias al agua del subsuelo y el calor, que sigue en aumento. Antes de finalizar esta zona decido parar para volver para repostar a tope, pues nos tenemos que enfrentar a más de 300 km sin ninguna estación de servicio, y de paso beber todo el líquido que podamos para la travesía del desierto. Veo un tenderete con una familia de chinos repanchingados a la sombra. Que mejor lugar. “Ni hao”. Resulta que justo enfrente se encuentra un concesionario de motos Suzuki y Huanjie, una de las decenas de marcas desconocidas en occidente, pero que solucionan en China el transporte personal, vendiendo millones de pequeñas motos cada año. Al menos no es de la marca Yamasaki, si, no es broma, esta marca existe en este país y no resulta difícil imaginar de qué marcas japonesas han medio copiado el nombre. La familia Xilao resulta muy amable. Padre, madre dos hijos y la abuela, todos viven del negocio familiar de reparación de las pequeñas motos y claro están entusiasmados con la aparición de grandes “motocha” de la prestigiosa marca BOOOMA como pronuncian BMW. Nos invitan a sandia y Pepsi, mucho más popular me en China que la Coca Cola, y acabamos haciendo fotos a toda la familia. Para que se las queden tengo que sacar el ordenador portátil y copiárselas en un lapicero de memoria USB. Que menos, pues se han cambiado de ropa para la ocasión, el padre la mejor camisa oficial de su establecimiento y la madre su vestido más preciado. Un rato agradable y sin duda unos amigos para siempre que pasemos por aquí.

Poco a poco el agua desaparece y el desierto muestra su cara. Para empezar aparecen sobre las arenas bosques de un árbol singular el álamo diversifolia. Curioso este vegetal que tiene hojas de diferentes formas y que aseguran que duran 3.000 años. Mil años para crecer, mil años para morir y otros mil para desaparecer. Lo cierto es que es un árbol casi mágico especialmente en otoño cuando antes de tirar las hojas que renueva cada año, se viste de un color amarillo intenso.

Continuamos ruta y hay hidratarse continuamente. El termómetro de la moto se ha fijado en los 38ºC y no se mueve. El paisaje va cambiando lentamente desaparecen los álamos y el desolado paisaje abraca todo horizonte, a veces quebrado, otras con pequeñas dunas a ratos con diminutas colinas, sobre las que de cuando en vez se forman torbellinos de arena. Veo la antigua carretera, una pista de tierra compactada y no puedo evitar meterme, a ver cuánto dura. En realidad los que duramos poco somos nosotros pues con los neumáticos de carretera la más pequeña lengua de arena nos pone en problemas. Lo intentamos durante un puñado de kilómetros pero tenemos que desistir y volver al solido asfalto. Mejor, no vaya a ser que sea verdad lo de si entras no saldrás. Apenas quedan unos matojos por toda vida entre canchales y dunas cuando empiezan a aparecer lagunas; mas y mas grandes cada vez. El mes pasado cayeron fuertes tormentas en esta zona y el agua aun permanece estancada. La ocasión la pintan calva y aunque no nos atrevemos al baño completo sí que nos refrescamos salpicándonos con el líquido de la vida. Casi de repente la floresta vuelve otra vez. Es la entrada en el oasis de Roukinag que nos ofrece la mejor de las puertas, el túnel que forman sobre la carretera los grandes árboles plantados en sus arcenes. Taklamakán el temido desierto, dentro del gran desierto del Gobi, nos ha permitido salir. Ante el primer semáforo de Roukiang pienso como sería una travesía completa Este-Oeste de este legendario desierto. No hay carretera, ni la habrá, no hay oasis no los habrá, quizá algún día… Mañana nuestro destino será Huatoguan, ya en la altiplanicie de Qinghai, seguro que hará más fresquito. Mañana más.[nggallery id=31]

 

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