Por el corredor de Gansú

Gustavo y Angel en una parada durante la etapa Xining Zhangye Por fin salimos de Xining una mañana luminosa y tras poco mas de una hora dejamos atras el agitado tráfico de los alrededores de la capital de Qinghai. Lentamente empezamos a surcar el mundo rural chino. Los campos lucen amarillos brillantes de la flor de la colza, el verde intenso de la patata y los tonos más suaves de las plantaciones de judías.  El primer puerto remonta hasta poco mas de 3.600 metros de altitud y acaba en un túnel que da paso al norte de la provincia, más allá la cordillera del Tian Xan .En el descenso la inmensidad del amplio valle tapizado de amarillo se suaviza con la humedad del ambiente para dar un tono pastel al paisaje. Apenas rodamos unas decenas de kilómetros y comienza otro puerto, pero esta vez las nubes cubren las cimas y nos sumergimos en un ambiente cada vez más frío y completamente encapotado. En la cima a 3.762 metros de altitud, junto a las banderas de oración que marcan el paso , llueve, y el panorama hacia el que se dirije la carretera no es nada halagüeño. Buscamos refugio en unas tiendas tibetanas y ya de paso nos comemos un plato de setas con carne de yak, exquisito. Bien pertrechados con los trajes de agua, continuamos el descenso entre rebaños de yaks y ovejas que en varias ocasiones obligan a frenar con toda la precaución  que aconseja el suelo empapado, la poca visibilidad y la temperatura de apenas 5 grados. Estoy seguro que mas abajo no lloverá, y …acierto. En el corredor de Gansú recuperamos la tamperatura y el firme seco, nos desprendemos de la ropa de agua y entramos en Zhangye. Esta ciudad es una escala fundamental de la Ruta de la Seda y tiene un Buda tumbado gigante, mañana lo visitaremos. Pues eso mañana más.

Angel: Cuando empece a subir el primer puerto de montaña de hoy tuve la impresión de encontrarme en la zona alta de los Pirineos, como en Beret, pero luego seguimos subiendo y subiendo y el paisaje en la cima me resulto espectacular. Lo malo fue la lluvia que amenazó con aguarnos la fiesta pero Gustavo busco unas tiendas tibetanas auténticas donde pasamos un buen rato, entramos en calor y comimos para continuar viaje. A la tarde, o mejor dicho la noche en Zhangye, me sorprendio con una ciudad de ambiente muy agradable y múltiples colorines. Grandiosos sus cartelones publicitarios, multiples comercios de moda y marca y sus lucecitas adornando los árboles, como si estuvieramos en Navidad.

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