El desierto de los hombres felices.

¿Porque nos atraen tanto los desiertos? Sera su grandiosa inmensidad, por sus horizontes limpios de contaminación humana, por su calor o sus fríos, o simplemente porque dentro de ellos, atrapados en sus grandes espacios abiertos, nos sentimos felices tomando consciencia de nuestro verdadero tamaño. Entre Dunhuan y Hami hay poco más de cuatrocientos kilómetros de impresionante desierto del Gobi. Estas dos ciudades son dos de los destacados oasis de la Ruta Norte de la Seda China que rodean el desierto de Taklamakan, uno de los nombres que toma este gigantesco desierto dentro de la región autónoma de Xinkianj. Florestas de intenso verdor, decenas de miles de árboles alimentados por las aguas subterráneas que los arenales absorben y guardan bajo su manto de tierra. Con el tiempo se aprende a leer en los desiertos, a diferenciar sus arenas y colores, a notar a golpe de vista donde las ruedas se clavaran sin remisión y a asegurar por donde se puede rodar sin miedo, nunca sin precaución, pues el firme será sólido y los tacos morderán con firmeza la corteza terrestre. Leer el relato completo y fotos del dia click en leer mas. 

Hoy saliendo de Dunhuan por una larga recta en la que apenas se insinúan unos ligeros cambios de dirección, y durante 120 km vivimos todas sensaciones. Rodando sobre el asfalto vimos como al frente , en el huidizo horizonte, los espejismos hacen flotar las montañas del Tian Shan sobre lagunas purpura. Por más que el cerebro racional se empeñe en decirte que es solo la reverberación de la luz con el calor sobre las superficies planas, tu mente sueña en llegar hasta esa infinita laguna, ese paraíso que nunca se alcanza pues como el arcoíris nunca se dejara atrapar. Pero la carretera, a pesar de su soledad no fue suficiente y salimos del asfalto para pisar la tierra de esta planicie perfecta de grava. Casi se podía ir tan deprisa como por el pavimento así que mucho mejor alejarse de la construcción humana y, eso sí, sin perder la referencia de los postes telefónicos que la flanquean, dejándonos atrapar por la inmensidad del desierto. Casi de repente todo cambió y entramos en una zona muy abrupta, llena de promontorios y rugosidades. El piso se volvió blanco de sal y bajo el peso de la moto crujía al romperse su frágil capa cristalizada, al rato piso negro como carbón, después…. Fueron otra vez momentos felices, pero como todo en la vida se acaba, este tramo toco su fin con unas destartaladas instalaciones mineras y una no menos organizada obras de construcción de la nueva autopista que de Este a Oeste desde Shanghái a Kasghar recorrerá toda la China. Intenso tráfico de camiones, polvo y obras durante otros cien kilómetros para volver a la antigua carretera G-30 donde debido al vuelco de tres camiones no tuvimos más remedio que experimentar las ventajas de viajar en moto durante un colapso de 30 km de camiones inmovilizados. Cuando el termómetro marcaba 30 grados alcanzamos el gran oasis de Hami, y no pudimos resistirnos a la tentación de hacernos con un melón. Dicen que son los más sabrosos de China y ahora que estamos probando sus delicias, podemos asegurar que realmente son exquisitos. Mañana destino Turfán; la depresión geográfica más profunda del mundo después del Mar Muerto. La predicción meteorológica anuncia picos de cerca de 50 ºC. Habrá que comprar mucha agua para seguir disfrutando del desierto de los hombres felices.[nggallery id=28]

 

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